La normatividad en los las ultimas décadas ha estado fuertemente influenciada por la creciente problemática ambiental producto de la negligencia de los seres humanos en el búsqueda del dinero y el poder bajo un contexto primario, que es la globalización y el enfoque erróneo con el que se ha manejado, o mejor dicho, el descontrol de ésta que ha terminado por manejar a la humanidad.
A partir de la década de los noventa, tras la cumbre de la tierra realizado en Rio de Janeiro, quedo claro el procedimiento, penas y tasas retributivas vigentes por las cuales se regirían los diferentes sectores a nivel mundial con el fin de frenar el acelerado deterioro del ecosistema y velar además, por la igualdad social, sexual y de género por medio de la restructuración de los sistemas políticos y la constitución de nuevos paradigmas que permitan abrir la mente a nuevas e innovadoras soluciones que abarquen todos estos aspectos y que integre de una vez por todas la las necesidades productivas y ambientales constituyendo un crecimiento de calidad y no de cantidad, como lo exponen diferentes personajes.
Hombres y mujeres, jóvenes y adultos, en su conjunto son la “materia prima” más valiosa de cualquier nación, ¿por qué no invertir en ella y romper todas la barreras de la desigualdad y de este modo sacar el máximo provecho de nuestras capacidades? ¿Por qué vemos aun discriminación de género, de sexo y de raza en los diferentes niveles sociales y organizacionales al mismo tiempo hacemos alarde de nuestro nivel intelectual y el umbral de desarrollo que hemos alcanzado? Las políticas de desarrollo deben estar enfocadas en la integración de la salud, la integración y el medio ambiente como pilar para alcanzar los niveles de producción, competitividad y, por consiguiente, de crecimiento que tanto deseamos.
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