viernes, 14 de agosto de 2009

DESARROLLO SOSTENIBLE

La normatividad en los las ultimas décadas ha estado fuertemente influenciada por la creciente problemática ambiental producto de la negligencia de los seres humanos en el búsqueda del dinero y el poder bajo un contexto primario, que es la globalización y el enfoque erróneo con el que se ha manejado, o mejor dicho, el descontrol de ésta que ha terminado por manejar a la humanidad.

A partir de la década de los noventa, tras la cumbre de la tierra realizado en Rio de Janeiro, quedo claro el procedimiento, penas y tasas retributivas vigentes por las cuales se regirían los diferentes sectores a nivel mundial con el fin de frenar el acelerado deterioro del ecosistema y velar además, por la igualdad social, sexual y de género por medio de la restructuración de los sistemas políticos y la constitución de nuevos paradigmas que permitan abrir la mente a nuevas e innovadoras soluciones que abarquen todos estos aspectos y que integre de una vez por todas la las necesidades productivas y ambientales constituyendo un crecimiento de calidad y no de cantidad, como lo exponen diferentes personajes.

La marcada desigualdad en la economía y competitividad de los países en vis de desarrollo con respecto a las potencias, y la mal enfocada globalización que alimenta la competencia desleal e inescrupulosa ponen en evidencia la dificultad para que los gobiernos toman la iniciativa de hacerse a procesos limpios que reemplacen las tecnologías tradicionales por miedo al estancamiento económico, enmarcado en un contexto de desiguales, tanto al interior como entre ellos, con políticas individuales contaminadas con las construcciones sociales y culturales que forman barreras para el crecimiento de los individuos, que finalmente redundan en el crecimiento de los países.

En la medida que todos halemos la cuerda hacia el mismo lado, será más fácil avanzar. Una reestructuración en nuestra forma de pensar como individuos que hacemos parte de una sociedad y de un solo planeta, y la conciencia de la que se desprendan nuestras acciones nos direccionaran hacia un cambio positivo que empiece desde nuestros hogares, las instituciones, y desde la misma elección de nuestros gobernantes, que converja en compromisos y visiones colectivas que apunten hacia un mismo objetivo, visto esto desde adentro hacia afuera en todos los niveles de la sociedad.

Hombres y mujeres, jóvenes y adultos, en su conjunto son la “materia prima” más valiosa de cualquier nación, ¿por qué no invertir en ella y romper todas la barreras de la desigualdad y de este modo sacar el máximo provecho de nuestras capacidades? ¿Por qué vemos aun discriminación de género, de sexo y de raza en los diferentes niveles sociales y organizacionales al mismo tiempo hacemos alarde de nuestro nivel intelectual y el umbral de desarrollo que hemos alcanzado? Las políticas de desarrollo deben estar enfocadas en la integración de la salud, la integración y el medio ambiente como pilar para alcanzar los niveles de producción, competitividad y, por consiguiente, de crecimiento que tanto deseamos.